Wiki CreepyPasta
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Todos recuerdan a Laughing Jack, el tenebroso y mortal payaso a blanco y negro que reparte caos a todos los niños que tengan la desgracia de cruzarse con él. Él, que solía ser un payaso colorido y alegre siempre dispuesto a alegrar a su amo sirviéndole como un mejor amigo. Soy uno de los primeros que logró ver su nuevo ser sanguinario. Desató toda su furia e ira en mi cuerpo, dejándome a mí y a mi alma en eterno sufrimiento mientras él iba y venía matando niños como si todo fuera un juego.

Pareces recordar quién soy, o mejor dicho quién era. Soy el hombre culpable de todo esto, quién empezó aquella sed de sangre que Jack tiene. Ese payaso es un reflejo mal hecho de mí. Podrías decir que soy Isaac Grossman, "The Grossman." Pero él ya había muerto hace años, los siglos pasaban y no soy él ahora.

Mi muerte fue bastante irónica, muerto en el mismo lugar donde disfrutaba matar a otros más indefensos. Siendo sincero yo soy mucho peor que Laughing Jack, mataba al que podía matar: Niños, ancianos, mujeres, quien fuera más débil que yo era una victima asegurada. Todo mi cuerpo me dolía, empezaba a sentir mi mente nublándose por todo el dolor recorriendo mi cara y torso. Las cucarachas pasando por mi cuenca vacía y mi garganta, mientras veía a esa criatura jugar con mis órganos. Me lo merecía, y tal vez merecía mucho más.

Encontraron mi cadáver ya frío horas después, por mis mejillas y párpados forzosamente estirados y abiertos, mi cara parecía haber muerto con una de las peores sonrisas que existieron. Aún recuerdo las palabras que Jack me dijo antes de hacer su golpe final... "Difundir mi amistad a todos los niños solitarios del mundo"... fue ahí, cuando me di cuenta del monstruo que había creado. Cerré los ojos, siendo que ya no tenía energías para aferrarme a vivir. Me llevaron a la morgue más cercana, donde me pusieron en donde se les plazca. Ahí me había quedado, olvidado, tirado a la suciedad.

Pasaron muchos años. Con el tiempo, la morgue fue considerada insalubre por el descuido de los de mantenimiento y fue cerrada. Solo los cuerpos se quedaron aquí. Yo corrí la misma suerte y, por alguna extraña razón, mi alma jamás se separó de mi cuerpo. Me vi forzado a contemplar cómo me pudría lentamente. Este era el peor castigo: estar atrapado dentro de tu propio cuerpo. Con el tiempo vi cómo el edificio se destruía lentamente, cómo la naturaleza se apoderaba de él: enredaderas creciendo por las paredes, raíces de los árboles abriéndose paso entre los escombros y, por último, aves usando el lugar como refugio.

En su mayoría eran cuervos, estaban en casi todos lados. Al principio se dedicaban a buscar trozos de carne podrida por el lugar, pero con el tiempo me fui acostumbrando a su presencia y al parecer ellos a la mía. Esto sonará muy raro, pero parecía como si ellos pudieran entenderme, "hablaba" con ellos y estos me entendían a la perfección. Fueron mis únicos compañeros por muchos años hasta que "ellos" me encontraron... Uno de sus agentes irrumpió en el lugar y me divisó. No sé lo que pensó, pero se llevó mi cuerpo.

Fui llevado hasta la guarida de aquellos hombres extraños, a pesar de llevar casi 120 años muerto. Todavía conservaba mi gusto por lo brutal, en ese lugar había puras "obras de arte", cuerpos humanos siendo utilizados para distintos fines: desde alfombras hasta sillones. Había toda clase de adornos que encajaban perfectamente con mi gusto, pero lo que vi después no fue nada comparado.

Era una sala enorme, en su extremo divisé un lago de sangre, todavía la podía identificar. Adentro del lago, pude ver toda clase de huesos humanos. No entendía el propósito de eso, pero antes de que pudiera preguntarlo, me arrojaron al lago. La sensación fue extraña, me pareció escuchar voces, en su mayoría gritos incoherentes, pero con el tiempo mi cabeza me ardía y me pude mover. Comprendí todo lo que me había pasado, ese maldito payaso.

"Jack, creí que eras mi amigo, ya jugaste conmigo, te devolveré el favor", y salí del lago gritando con todas mis fuerzas, hablando por primera vez en mi largo letargo. Entonces los vi, eran cuatro personas, no las describiré. Entendí que los cuatro vieron potencial en mí, me revivieron. Tendría un precio, lo acepté gustoso. Entrené día y noche desde aquella vez, me hice maestro en distintas formas de combate, entrenando hasta que casi me duelan los huesos, ganar fuerza, velocidad y agilidad era lo que más necesitaba, aprendí a dominar muchas armas blancas y, sobre todo, busqué un nuevo equipo que me ayudaría el resto de mis días.

En honor a mi identidad anterior y a mi nueva, me coloqué un capote negro como la brea, debajo de mis antiguas ropas: una camisa manga larga a botones de color blanco, pantalones oscuros y unas botas negras. Lo ultimo que faltaba, era algo que hiciera tributo a mi yo en vida, y finalmente, hice una máscara igual a la que hice en siglos anteriores. Pero entonces, pensé en los cuervos de aquella morgue, los únicos que me acompañaron por tantas generaciones, merecían que les devolviera el favor.

Con el permiso de mis superiores, los busqué y amaestre. Obedecen mi voz, solo mi voz, están entrenados para lanzarse sobre mis oponentes y atacarlos con sus picos y garras, ellos son y siempre serán mi arma favorita, mis animales... mis mascotas, mis amigos. Llegó el día esperado y los cuatro hombres me recibieron. Había pasado todas las pruebas y era digno de servirlos. Me entregaron un arma que puede que parezca sencilla, ya simple vista inofensiva, pero en mis manos es la muerte misma, tan mutable, tan versátil, era perfecta para alguien como yo.

Desde entonces me dedico a matar a los que "ellos" me ordenan: los busco y mato con ayuda de mis cuervos y de mi arma, nadie ha escapado de mí con vida. Isaac, The Grossman... Ellos ya murieron. ¡Yo soy Crowman!

Pero aún no me he olvidado de ti, Jack. Mi antiguo amigo, no cometería ese error de nuevo.

No descansaré hasta verte de nuevo, tengo todo el tiempo del mundo ahora. Solo quiero una cosa, a ti. Quiero verte muerto, quiero deshacerme de ti de una vez por todas. Quiero corregir mi error en olvidarte, me han dado una segunda oportunidad y la voy a aprovechar. Hasta pronto, Laughing Jack.

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